La proximidad de las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre ha generado un clima de temor en Irán, donde gran parte de la población anticipa una intensificación de los bombardeos. Ciudadanos locales expresan su preocupación ante la posibilidad de que el conflicto se reavive, advirtiendo que incluso una derrota republicana en el Congreso no frenaría las decisiones de Donald Trump, quien mantendría amplias facultades en política exterior y seguridad durante los meses de transición.
Ante este escenario, algunos habitantes de Teherán han comenzado a tomar medidas preventivas, como el almacenamiento de alimentos y agua, además de preparar planes de evacuación ante el riesgo de que infraestructuras críticas, como las centrales eléctricas, sean blanco de ataques. La percepción general es que el conflicto podría derivar en mayor destrucción y pobreza, independientemente de los resultados electorales en el país norteamericano.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Shahid Beheshti, Heidar Alí Masudi, respaldó estas inquietudes al señalar que el presidente estadounidense conservará instrumentos de poder significativos hasta la asunción del nuevo Congreso en enero. Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, reafirmó que las políticas de su país se mantendrán inalterables frente a cualquier desenlace bélico.
En el ámbito militar, el jefe del Estado Mayor iraní, el mayor general Alí Abdolahi, lanzó una advertencia directa al asegurar que no permitirán el ingreso de buques militares estadounidenses en el golfo Pérsico. Este clima de tensión se mantiene vinculado a la guerra iniciada el 28 de febrero, mientras persisten los reportes sobre la existencia de planes elaborados por Estados Unidos e Israel para reanudar las operaciones ofensivas tras la jornada electoral.




