Sebastián Ortega habló de la cuarentena, los nuevos proyectos de su productora y del regreso de “El Marginal”

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Sebastián Ortega en el Festival de Cannes (Crédito: AFP / Grosby Group)
Sebastián Ortega en el Festival de Cannes (Crédito: AFP / Grosby Group)

La vida de Sebastián Ortega (46) es distinta a la de cualquier hombre o mujer de su edad. No sólo por su carrera prolífica en el mundo del espectáculo sino por su infancia y adolescencia. Lejos del picadito en la calle del barrio con amigos o las tarde tomando la leche con Clave de Sol en la televisión de fondo, los primeros años de su vida los transitó en los Estados Unidos. Entre Miami y temporadas en Los Ángeles -donde “trocaba” de casa con su hermana Julieta cuando venía desde California a Miami para visitar a la familia- el tercero del clan Ortega se empapó de la cultura callejera de la Costa Oeste. Así comenzó un camino que nunca abandonaría: el contacto con el mundo de los suburbios, lo que está bajo la superficie y sobrevive en un mundo “Underground”.

Así, combinó su devoción por el cine y su pasión por las horas sobre su skate, el surf en las olas californianas, y la mística con los graffitis en las paredes de las zonas menos glamorosas de Los Ángeles. A pesar de ser la cuna del cine y el glamour, la ciudad de las estrellas también alberga toda una cultura y arte urbano que nació en las clases sociales más relegadas, con mucha presencia latina. El hip hop y el rap fue otra de las devociones de Ortega, quien pasaba horas escuchando a Cypress Hill, 50 cent, Eminem y Snoop Dog entre otros. “Yo escuchaba hip hop que no era una música popular que pasaban en las radios, te estoy hablando de los años 80. En el colegio me contagié de mis amigos con el tema del hip hop, el grafiti. Me empecé a interesar por todo esto que tuvo una marca muy fuerte en mi formación como persona mientras fui adolescente”, nos cuenta en una entrevista con Teleshow desde su casa en Buenos Aires.

Los proyectos de este hombre tan creativo y pausado al hablar lo llevaron a vincularse con esta pasión que marcó sus años de teen en los Estados Unidos. Es por esta razón que decidió producir LA Originals en Netflix, un documental que reúne horas y material de dos sus ídolos: El tatuador Mr. Cartoon y el fotógrafo Estevan Oriol.

En el mundo de los tatuajes, Cartoon es Messi, lleva la camiseta 10 como el mejor en su rubro. Nacido como Mark Marchado en Los Ángeles, este hombre de 50 años es una celebridad dentro del arte callejero “chicano”. Si no tenés en tu piel un tatoo de Cartoon, estás incompleto. Así lo entendieron todos estos representantes de la música más emblemática de los últimos años que adoptaron a este tatuador como un integrante más de sus giras para así lograr que les marcara la piel de por vida.

Sebastián Ortega junto a Cartoon en Los Ángeles (Foto: Estevan Oriol)
Sebastián Ortega junto a Cartoon en Los Ángeles (Foto: Estevan Oriol)

Sebastián, admirador desde el día uno de la labor de este hombre, decidió contar su historia, que es también un repaso de su propia vivencia durante sus años en el país del norte.

— ¿Cómo decidiste hacer este documental que puede resultar bastante de nicho para quienes no son amantes de los tatuajes?

—Es de nicho para la gente que es de afuera de los Estados Unidos porque dentro de USA, Los Ángeles es una ciudad muy emblemática, como Nueva York. Entonces hay un interés que se ha desparramado por todo el país varias décadas atrás. Son las dos ciudades que marcan las tendencias en cuestiones culturales sobre todo lo que tiene que ver con la música, el cine y varias cosas más. Entonces en los Estados Unidos es un tema menos de nicho porque todos nos hemos criado, bah yo en realidad estuve desde 1985 hasta el 2000 viviendo allá. Me fui a los 10 años y volví a los 25, entonces mi adolescencia la pasé allá, al igual que mucho de mis amigos que tienen mi edad, hemos crecido consumiendo esto de forma masiva. Por eso digo que allá no es algo tan de nicho, es más popular. Igualmente no nos esperábamos ni nosotros ni la gente de Netflix que la serie tuviera la repercusión que está teniendo en los Estados Unidos, que salió entre los 10 programas más vistos de Netflix y hace dos días figura en el top 5. Primero porque es un documental y generalmente se eligen ficciones.Aún así pegó muy fuerte el tema. También tuvimos mucha suerte de tener entrevistados súper famosos que promocionaron a través de las redes el documental. Así que nada… felices porque en Europa y en Asia está teniendo también mucha repercusión.

Los famosos que menciona el productor son nada más y nada menos que Eminem, Snoop Dog, Ryan Phillippe, el fallecido basquetbolista Kobe Bryant que concluyen en el documental que se sienten todos miembros de un grupo por tener los tatuajes de Cartoon.

—Desde Underground hemos consumido historias muy locales, muy argentinos como El Marginal, Tumberos o la misma Graduados, ¿cómo surgió esta decisión de expandirse a la cultura de otro país?

—Yo hace muchos años que estoy con la mirada puesta en el exterior, sin descuidar lo que hacemos en la Argentina. Lo teníamos desde Historia de un Clan o El Marginal. Este documental surgió también porque yo soy muy fan del trabajo de Cartoon y de Oriol desde joven -94 y 95- y sigo el trabajo de ambos desde que empezaron a trabajar juntos. Y en ese momento eran dos personas que eran artistas del under pero a mí siempre me interesó justamente ese arte que viene del under. Tanto en el cine como en la música.Y cuando me vine a la Argentina me traje un poco esos conceptos y traté de adaptarlos a la realidad nuestra. A partir de ahí, nace Tumberos, programas que muestran lo que pasa de una forma mucho más real y descarnada que lo que venía sucediendo. Entonces yo adopté toda una forma distinta, por eso mi productora se llama Underground, porque creo que los orígenes y la búsqueda viene de ahí y lo más genuino también. Mi carrera con los años me dio la posibilidad de conocer a Estevan y a Cartoon en una reunión en la productora de Sofía Vergara en Los Ángeles. Y bueno ahí nos hicimos amigos. Estevan estaba grabando material desde principios de los 90 hasta 2001, siempre leía que quería hacer la película que cuente la historia de él y Cartoon, pero nunca habían tenido la posibilidad de hacerla. Entonces cuando lo conocí a Estevan nos pusimos a hablar de las cuestiones que nos gustaban a los dos dentro de una reunión de empresarios que nada tenía que ver. A la salida me invitó a comer a un restaurante mexicano ubicado en Skid Row, en la zona donde quedaba su estudio, comimos unas tapas ahí y le dije: “Quiero producir el documental”.

Trailer de LA Originals (Infobae)

—¿Ese era realmente tu sueño, realizar un documental de la cultura que marcó tu salida de la infancia…?

—Sin dudas LA Originals es un gusto que yo me quise dar para trabajar con los que fueron mis mentores. Con los que me mostraron y pusieron frente a mí aquellos elementos que hoy son parte de mi personalidad: los tatuajes, la música, la ropa.

—¿Cuánto tiempo les llevó producir LA Originals?

—Desde que decido producir el proyecto, Estevan me dice que tiene más de 60 horas de material pero le habían quedado varadas en una productora que les habían adelantado un dinero y la idea no había prosperado. Le dije “en las próximas 48 horas te giro el dinero, sacá todo el material y venite a Buenos Aires”. Y bueno fue así, sacó cajas y cajas que tenían todo tipo de formato, tapes, súper 8… sacó todo el material fotográfico. Esto fue en mayo de 2016 y se vino para Buenos Aires, a casa, durante dos semanas. Nos llevó 8 meses solamente bajar el material, seleccionarlo por año, material de autos, de recitales, de las calles. Se vinieron dos amigos a trabajar en Underground, se armaron dos islas para trabajar en esto y fueron casi dos años y medio de edición solamente. Fue un trabajo de pulido hasta que llegamos a terminarlo, y cada famoso que aparecía necesitábamos tener un permiso para su imagen.

Gastón Gaudio, Estevan Oriol, Sebastián Ortega y Luis Ortega en la Villa 31 (Instagram)
Gastón Gaudio, Estevan Oriol, Sebastián Ortega y Luis Ortega en la Villa 31

Sebastián Ortega pertenece a ese grupo de personas que pareciera que siempre puede hacer lo que tiene ganas. Pero que, aún así, no implica una rebeldía sin causa a la deriva. Detrás de la imagen de este hombre que no lleva traje ni portafolio, y los tatuajes forman parte de su piel, hay un trabajador intenso y apasionado. “Hay veces que digo ‘Me salí con la mía’, evité lo que siempre quise que fue no tener que cumplir un horario de 8 a 17, tener que usar un traje, no responderle a nadie. Hago lo que quiero y lo que me gusta. Puedo ir a trabajar como se me cante, rodearme de la gente que yo elija y darme un montón de gustos que generalmente no sucede. No todos tienen la suerte y la posibilidad. Yo tuve la suerte de que se me abran las puertas para hacer lo que verdaderamente me apasiona y hacerlo con mucha pasión y admiración”, comenta a manera de balance de lo que hizo hasta ahora en su carrera.

Como consecuencia de la cuarentena, muchos de los proyectos pensados para grabarse esta año se encuentran frenados, entre ellos la versión para América Latina de 100 días para enamorarse, en la que Carla Peterson tenía una participación.

—Con el ritmo de producción que llevaban, esta cuarentena debe estar afectando su trabajo, ¿Qué proyectos concretos tienen frenados?

—Está todo frenado, lamentablemente. Yo laburo igual o más horas que antes y estamos adelantado laburo en todo lo que tiene que ver con libros, los procesos autorales. En este momento estamos trabajando en 8 proyectos distintos, así que es cortar con un grupo de autores y, a la media hora, estar de vuelta hablando con otros. Hay que cambiar rápido el chip. Hay varios proyectos, Underground se vendió el año pasado y es parte de NBC, Telemundo y Universal y tenemos acuerdos globales con Netflix entre otras plataformas. Nuestra empresa está lanzando Peacock que es otra plataforma nueva de NBC y Universal. Así que estamos haciendo proyectos para varias plataformas y también para Telemundo. Además de 100 días.. estamos con dos tiras más, que están en la grilla. Lo que pasa es que todo esto está poniendo en jaque las fechas que teníamos previstas.

—Y la cuarta temporada de El marginal 4, ¿cuándo llegará?

—Estábamos por empezar a grabar en junio. Cárcel nueva, todo nuevo, los libros son increíbles la verdad es que estoy súper entusiasmado con esta temporada porque es una bocanada de aire fresco después de haber ido para atrás, y haber llegado a lo que fue el final de la primera temporada, aparecen personajes nuevos y la dinámica de la cárcel es totalmente distinta, entonces yo estoy como nene con chiche nuevo. Vuelve Juan Minujín, vuelven los Borges, va a haber una sub 21 en esta cárcel también. Se pone buenísimo y vamos a tener personajes nuevos y actores.

Imagen de "El marginal 3"
Imagen de «El marginal 3»

—Lo que logró El Marginal fue que más allá de las historias centrales, nos regaló personajes secundarios increíbles..

—Es que las historias que mejor funcionan son las historias de los personajes. Las ficciones que fueron grandes éxitos como Graduados, Tumberos, El Marginal, Los Roldán, Los exitosos Pells o La Lola tuvieron personajes muy complejos.

—Y en medio de esta mirada hacia al pasado, Si tuvieras que elegir tu ficción, tu hijo dentro de tu trabajo,¿cuál sería?

—Uff… mirá… con el que más me identifico es Graduados porque es un programa que desde que lo pensé hasta que lo concreté pasaron casi 10 años. Empezó todo comiendo un asado en la casa de un íntimo amigo mío, que es Andy Kusnetzoff, y que en realidad lo iba a protagonizar él. Estábamos en el balcón, él tenía una terraza muy linda, y vemos pasar un tipo con 20 perros que iba camino a la plaza, iba fumando un porro y yo le digo a Andy: “Este pibe la debe pasar tanto mejor que nosotros, que estamos re estresados”, yo en aquel momento estaba por empezar a grabar Los Roldán, estaba preproduciendo Ser urbano, tenía Costumbres argentinas al aire… era un año muy cargado, pero toda esa carga te genera la idea de que hay que seguir, hay que mantener, y yo tenía 28 años. Entonces pasa este pibe súper relajado (risas). Y un poco también me vi reflejado en él, porque más allá de que uno trabaja y le dedica mucho tiempo a lo que hace, yo no lo siento como un trabajo.

Sebastián Ortega logró superar con creces ser el “hijo de”. Cuesta a esta altura de su carrera atarlo en términos artísticos a su padre, el querido y mítico Ramón “Palito” Ortega. Forma parte (sí, indudablemente) de un clan de figuras populares del mundo del espectáculo argentino. La mayoría de sus hermanos (seis en total) se dedican al mundo artístico y cada uno forjó su camino más allá del peso del apellido, que fue razón necesaria pero no suficiente en ninguna de esas vidas.

Sebastián Ortega con sus padres, Evangelina Salazar y Palito Ortega, y su pareja Carla Moure (Crédito: Dario Batallán)
Sebastián Ortega con sus padres, Evangelina Salazar y Palito Ortega, y su pareja Carla Moure (Crédito: Dario Batallán)

—¿De qué manera influyeron tus padres en este proceso creativo tan particular?

—El hecho de que mis padres hayan tomado la decisión de mudarse en el año 85 a los Estados Unidos, hizo que mis hermanos y yo nos traslademos a un lugar donde se nos abrió el mundo directamente. Pasar a un lugar donde la oferta era inmensa. Ir al colegio con gente que hablaba otro idioma, que me pasaban casettes que grababan ellos. Me empecé a formar con una cultura poco corporativa, que tenía que ver con lo que pasaba en la calle. Yo anduve muchos años en skate y pasaba mucho tiempo en la calle. Iba mucho al Downton cuando era el Downtown. Y Julieta al poco tiempo que nos mudamos se fue a vivir a la casa de Anna Strasberg a estudiar teatro en Los Ángeles, entonces en el verano a mí que me gustaba mucho el surf y en Miami no había tantas olas, ella venía a visitar a mis viejos y quedaba su departamento libre en Los Ángeles y ahí aprovechaba. Eso lo hice muchos veranos y me fui empapando de lo que era la cultura de Los Ángeles, desde el 88 hasta el 93 sin parar. Y ahí comencé a descubrir todo este mundo, la cultura del Oeste de California que para mí es la mejor. No hay nada como la cultura californiana. Y bueno el ascenso de mi carrera me dio la posibilidad de conocer a Cartoon y Oriol y cumplir este sueño que es formar parte de este círculo de estos artistas que tanta influencia tuvieron en mi vida. La idea fue brindar el mejor homenaje que se podía hacer a la Costa Oeste desde una productora muy chiquita, con nuestros editores argentinos, con un amigo mío que es Francisco Pugliese, que es el hijo del Nono Pugliese, que vive en Los Ángeles. Él me decía “tenemos que trabajar juntos” hasta que apareció este proyecto. Tuvimos que viajar por todos lados… a Detroit para hacer Eminem, a Nueva York para hacer a Kobe Bryant, que lamentablemente falleció hace poco pero es un emblema muy representativo de lo que es Los Ángeles. Es un documental al que vas entrando de a poco, pero cuando termina te empieza a cerrar el círculo sobre qué es lo que estamos pensando.

—Más allá del presupuesto y la inversión, que son, respecto a la Argentina, muy distintos ¿qué aspectos debería aprender la industria de nuestro país de Hollywood?

—La cultura en términos generales es igual en todos lados. En los Estados Unidos también vas a ver cosas que no te van a gustar, cosas que parecen una fantochada, berretas y también cosas que son geniales. Y acá me pasa lo mismo: veo cosas que son muy buenas y otras que me dan vergüenza. Argentina culturalmente es un país que está muy adelantado con respecto al resto de Latinoamérica, pero hay una sola traba: llevar nuestro lenguaje a un neutro, para que lo puedan consumir en el resto de los países de habla hispana, porque el acento argentino no entra. Está comprobado que no entra el tono. Afuera compran los formatos, les encantan las actuaciones pero el acento no entra. El “yo” el “vos” no entran… allá es el “tú” y el “ió”.

—Decís que eso deberíamos cambiarlo…

—Los traperos ya lo están haciendo, por eso están teniendo tanto éxito en todo el mundo. Por eso digo que las generaciones ya vienen dándose cuenta, vienen mejor y tienen una evolución en el Internet y en la evolución de la información que está haciendo que se den cuenta que tienen que empezar a cambiar su pronunciación para llegar a otro mercado. Y hoy tenemos traperos que son furor en México, Colombia, toda Latinoamérica o España, pero es porque ya están modificando su lenguaje a uno más universal. Otro tema también es tratar de buscar siempre la verdad, más que nada en las miniseries, y buscar en nuestros personajes que hablen de la verdad. En el documental de LA Originals se habla mucho de eso, habla de que las fotos de Oriol “tienen verdad”, ves a los gangsters, ves a las chicas subidas a esos autos y decís, “This is for real, this is real shit”, como dice Cartoon. Tenemos que acercarnos a la realidad, si vamos a hablar de fútbol toquémoslo a fondo, si vamos a hablar de marginalidad toquémosla a fondo también. Más allá de que le metamos aditivos y generemos nuestro propio universo, pero que la gente sienta que el peligro está ahí. Por eso nosotros mezclamos a los actores con ex convictos que terminan teniendo papeles con nombre, apellido y diálogos. Es gente que ha estado ahí, que ha vivido. Eso me gustaría que se viera un poco más, que fuera menos panfletero. Algo que también admiro de los americanos es su formación.

Sebastián Ortega (Instagram)
Sebastián Ortega (Instagram)

—Claro, uno ve por ejemplo a Hugh Jackman haciendo Wolverine y preparándose horas entrenando y luego cantando y bailando para Los Miserables o El Gran Showman…

—Ellos siempre se están formando. Uno nunca termina de formarse y eso es algo que falta en la Argentina. Es como los médicos, que se forman toda la vida. El acting avanza como la ciencia.

—Si tuvieras que hacer un ranking de series que no sean de tu productora, ¿Por dónde irías?

—Yo soy fanático de Los Soprano. De hecho tuve la suerte y cuando ganamos con El Marginal en París el premio de Cinemanía, el presidente del jurado era David Chase -genial creador de The Soprano– yo no suelo viajar a los festivales, generalmente viaja Pablo (Culell) pero en ese momento empieza a llamar un francés que había quedado fascinado con la serie que todavía no se había estrenado. Para el premio Cinemanía había que presentar series que no se habían estrenado y nosotros guardamos El Marginal por pedido de Dori Media y nos pidieron que enviemos capítulos. Comenzaron a llamarnos y nos dijeron que habíamos quedado entre las 800 elegidas… entre las 200… y un día nos llaman y nos dicen ‘tienen que viajar’ porque había muchas posibilidades de ganar. Y si te dicen que viajes es porque, claramente, ganaste. Querían que viaje yo y este chico francés me dice: “mirá, David Chase es el presidente del jurado, no podés no venir”. Y yo digo “¿Quién? ¡¡¿¿David Chase, eligió El Marginal!!??” Competíamos con series que habían costado siete millones de dólares y más aún con David Chase, que fue el responsable de que yo haya tomado la decisión de dedicarme a esto. Fue una experiencia increíble. También soy fanático de Mad Men. Esas son mis preferidas.

La vida de Seba -como todos lo llaman- también se divide en sus horas como padre. De su relación con Guillermina Valdés, nacieron sus hijos Dante, Paloma y Helena, que parecieran continuar con el casi mandato familiar de dedicarse a alguna rama del mundo artístico. “Paloma termina este año 5to y quiere estudiar dirección de cine, todos tienen una inclinación artística, Dante está a full con la música, es el más grande. Helena todavía no sabemos. Tiene 14 años y le hubiera gustado ser jugadora de fútbol, se fue a probar a River pero se dio cuenta que tiene pocas chances de ser una figura. Le sigue gustando a full pero ¿quién te dice que por ahí lo encare desde el periodismo deportivo para estar cerca del deporte?. Lo único que aspiro es que hagan lo que les gusta, que no hagan algo que no lo sientan que no los apasione”, cuenta Ortega.

—Ahora que ya son más grandes, ¿suelen sumarse tus hijos a tus producciones?

—Con algunos proyectos se suman más que a otros, más que nada los que se comentan en el colegio. Por ejemplo, a las grabaciones de El Marginal querían venir todos y traer amigos. Pasó algo curioso cuando fue la fiesta de graduación de mi hijo mayor, que fui con mis viejos, hicieron como un video que actuaban los profesores que actuaban de presos de San Onofre. Es una linda forma de comunicarse con los hijos. Para mí, que mis hijos puedan ver con orgullo lo que yo hago, más allá de la diferencia de edad y generacional, es un muy buen canal de comunicación y entendimiento. Y que sus amigos también les guste y disfruten lo que hacemos en la productora, para mí está buenísimo. Pero tiene que ver un poco con lo que hablábamos, ese espíritu que me formó de adolescente y seguir disfrutando y curtiéndolo.

Serie "El Marginal"
Serie «El Marginal»

—El impacto a nivel internacional de tus productos ficcionales está comenzando a generar un interés importante, ¿tuviste alguna situación fuera de la Argentina en la que sentiste este reconocimiento?

—Mirá, el año pasado estaba mi amigo Gastón Gaudio yendo al US Open y arriba de un Uber el chofer le pregunta de dónde es, le dice que es de la Argentina. “Argentina, El Marginal”, Le empieza hacer preguntas sobre los personajes, entonces me llamó y me dice “te quiero pasar acá con un amigo que te tiene que preguntar sobre El Marginal”, era justo el final de la primera temporada. Me causó mucha gracia que alguien arriba de un Uber pregunte eso. Martina Gusman también… cuando fue con su esposo Pablo Trapero a Francia la pararon por la calle por la serie. Y bueno, son esas cosas que tiene la televisión… ahora que hay que aprovechar. Gracias a estas plataformas estamos todos en igualdad de condiciones, más allá de los presupuestos, que acá son más chicos… Pero yo digo que para ver talento siempre tiene que haber buenas ideas y situaciones novedosas, después ya vendrá alguien con más presupuesto y en un idioma en el que todos entendamos por igual. Ahora tenemos siete años por delante con Telemundo y NBC en los que ojalá podamos seguir expandiéndonos.

La carrera de Sebastián Ortega parece no tener techo, la globalización y la llegada de las plataformas y los contenidos pensados de manera internacional parecen ser la clave para la expansión de su carrera que tiene que ver con el esfuerzo, la disciplina y el amor que le genera cada nueva aventura laboral.

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