La historia del Mangrove, el pequeño restaurante caribeño de Londres donde se gestó la lucha contra el racismo en el Reino Unido

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El restaurante Mangrove, en el barrio londinense de Notting Hills, en los años 60.

Era un pequeño restaurante de comida caribeña en en el barrio de Notting Hills de Londres. Había cobrado cierta fama en el mundillo artístico y de intelectuales en los años 60. Pero fue mucho más. Porque entre sus mesas se gestó una de las luchas más importantes en contra de la violencia racista en el Reino Unido.

Frank Crichlow, su dueño oriundo de Trinidad y Tobago, soportó durante años toda clase de atropellos. Las autoridades hacían todo lo posible para cerrar su negocio mientras él trataba de confiar en el sistema: contrató abogados, fue a la justicia, habló con políticos, pero todo obraba en su contra. Un día se hartó, y con la ayuda de la comunidad y del movimiento Pantera Negra, organizó una protesta contra la policía que terminó en enfrentamientos. Fue acusado junto a ocho personas más de incitar un motín (a todos ellos luego se los conoció como a los “nueve de Mangrove”). Cuando el momento llegó, se presentaron ante un tribunal y, en una decisión histórica, el jurado los declaró inocentes y el juez determinó que hubo “evidencia de violencia racial de ambas partes”. La decisión significó un duro golpe a la fuerza policial, ya que confirmaba algo que intentaban ocultar.

Cincuenta años después, esta olvidada historia de hostigamiento y discriminación fue llevada a la televisión por el cineasta Steve Mcqueen. Producida por la BBC, Mangrove es una de las cinco películas que son parte de la serie Small Axe, que se puede ver por Movistar+, trata sobre la vida de migrantes afrocaribeños en el Reino Unido, y cuyo tema principal gira en torno a la discriminación que padeció esa minoría en las décadas del 60, 70 y 80.

Marcha en contra el asedio policial al restaurante Mangrove en Londres. (National Archives, UK)
Marcha en contra el asedio policial al restaurante Mangrove en Londres. (National Archives, UK)

“Los principales historiadores, y la misma academia, nunca se interesaron en estudiar la lucha negra en el país. De hecho, no hay una historia sobre el racismo en el Reino Unido”, afirma Paul Field, abogado, activista y escritor británico, quien junto con Robin Bunce, historiador y profesor en la Universidad de Oxford, asesoraron al director ganador de un premio Oscar en la investigación y documentación histórica de los hechos que narra la película.

Recientemente en el 2013, cuando Paul y Robin publicaron la biografía de Darcus Howe —uno de los nueve de Mangrove que luego se consagró como escritor y conductor de televisión— parte de la sociedad se encontró con una historia desconocida. A diferencia de la comunidad afrodescendiente británica, donde permanece una memoria de las luchas raciales que no son contadas.

Mangrove, la primera entrega de la aclamada antología de Steve McQueen.
Mangrove, la primera entrega de la aclamada antología de Steve McQueen. (MOVISTAR/)

“Yo creo que el Estado nunca quiso reconocer el racismo, y el pueblo británico en su extensión estaba feliz de olvidarlo porque pone en cuestión todas esas narrativas de que somos una sociedad liberal y abierta”, dijo Bunce en entrevista con Infobae.

En 1968, Crichlow inauguró el Mangrove. Al poco tiempo el restaurante ganó popularidad y se convirtió en un lugar de encuentro de la intelectualidad de izquierda británica, de activistas, de la comunidad afrodescendiente y de artistas: fue visitado por algunos famosos como Jimi Hendrix, Nina Simone, Bob Marley, Marvin Gaye y Diana Ross, entre otros.

Sin embargo, a pesar de tener todo en regla y respetar la ley, Crichlow empezó a ser acosado por la policía, en especial por un grupo de agentes que patrullaban las calles de Notting Hill como una “armada colonial” y que fueron apodados por la comunidad como la “pandilla salvaje”. En connivencia con funcionarios judiciales, ejecutaron incontables allanamientos con la excusa de que en el lugar vendían drogas y había prostitutas y proxenetas. Nunca encontraron nada.

Un día, después de una larga y extenuante jornada de trabajo, Crichlow comía y tomaba el té con unos amigos. El local ya estaba cerrado pero la policía irrumpió con violencia y le indicó que para poder hacer lo que hacía necesitaba una licencia. Y lo amenazaron con cerrar el restaurante.

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Una pancarta dice: «Dejen en paz a Mangrove». (National Archives, UK)

Crichlow estaba frustrado, no conseguía que lo dejaran en paz. Ni siquiera un amigo que era miembro del Parlamento logró frenar el asedio. Él quería creer en las instituciones del Estado, quería confiar en ellas; solo quería ser un hombre común, un ciudadano más del Reino Unido con un negocio honesto que le diera para vivir de manera digna. Sin embargo, algunos creían que alguien de su color de piel no encajaba en esa sociedad, y mucho menos si era exitoso, como era su caso.

Y cuando las opciones se fueron cerrando, cuando el sistema en vez de darle una mano lo oprimía, la frustración se fue transformando en ira. Crichlow temía que si tomaba un papel más activo, más combativo, solo empeoraría las cosas, pero al final no le quedó otro camino. Además, Mangrove se había convertido en algo más que un restaurante, era el lugar de encuentro de la comunidad afrodescendiente, sobre todo de migrantes caribeños que llegaban allí no solo a comer sino a recibir ayuda y recomendaciones sobre cómo conseguir un trabajo o un lugar donde vivir en Londres.

“En aquella época, algo tan sencillo como conseguir un departamento era muy complicado para una persona negra y allí en el Mangrove los ayudaban. Entonces él fue visto como una amenaza no solo por esto sino por crear un espacio donde las personas negras y blancas podían ir a socializar y a comer”, dijo Field a Infobae.

Un poco a regañadientes, Crichlow fue convencido de tomar un papel más activo, de pelear por sus derechos. Uno de quienes lo persuadió fue Darcus Howe, un joven que trabajaba en el restaurante, de Trinidad y Tobago igual que él, estudiante universitario, intelectual y miembro de las Pantera Negra. Tenían que movilizar a la comunidad y defenderse. Y así fue: el 9 de agosto de 1970 organizaron una marcha contra la policía en la que participaron 150 personas que pedían que “dejaran en paz a Mangrove”.

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Darcus Howe durante las protestas de 1970 en Londres. (National Archives, UK.)

Pero las autoridades sabían con antelación lo que iba suceder, y dispusieron a más de 700 agentes para enfrentar a los “revoltosos”. Incluso hubo un grupo especializado, conocido como la “Mesa del poder negro”, que registró los movimientos de los activistas que organizaron la marcha. Ahora solo necesitaban de alguna provocación para cargar contra la gente en las calles, y lo consiguieron. Se armó una trifulca entre los policías y los manifestantes, por lo que 19 personas fueron arrestadas en lo que fue conocido como la “Batalla en la vía Portnall”.

“Gracias a la Ley por la Libertad de la Información en el Reino Unido, hace 10 años encontramos documentos de cuando fueron arrestados que mostraron que el Ministro del Interior del Reino Unido, otros funcionario, la policía y un cuerpo secreto deliberadamente atacaron y acosaron a los líderes del Mangrove porque querían destruir ese movimiento”, afirma Field. Y agrega que una de las estrategias era invocar una ley de inmigración para repatriar a Crichlow o acusarlo de incitar odio racial.

La inteligencia británica temía a los Pantera Negra —que nació en 1966 en EEUU como una organización revolucionaria, socialista y nacionalista negra que pronto se hizo popular en otras partes del mundo—, creían que incluso podían derrumbar la corona inglesa. Sin embargo, la realidad era que en el Reino Unido no representaron ninguna amenaza y el movimiento solo ayudó a que las comunidades afrodescendientes se organizaran políticamente.

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La policía arresta un manifestante durante las protestas en Londres. (National Archives, UK.)

Según cuentan Paul Field y Robin Bunce, el gobierno no quiso convertir a los manifestantes de Mangrove en mártires y de los 19 arrestados solo decidió presentar cargos contra nueve de ellos. Así fue como Barbara Beese, Rupert Boyce, Frank Crichlow, Rhodan Gordon, Darcus Howe, Anthony Innis, Altheia Jones-LeCointe, Rothwell Kentish, Godfrey Millett se presentaron ante la Justicia en uno de los juicios más importantes de la historia reciente del Reino Unido.

A diferencia de otros activistas afrodescendientes que en el pasado habían aceptado su supuesta culpabilidad ante la justicia solo para no pasar por un largo y desgastante proceso judicial en el que si perdían terminaban pagando más tiempo en la cárcel, los nueve de Mangrove adoptaron una estrategia legal ingeniosa en la que ponían todo el foco de atención en el racismo de la policía. Las víctimas, entonces, eran ellos y no las autoridades.

“El juicio fue único porque, a diferencia de otros, en este se organizaron. Y un año antes se hizo una campaña dentro de la comunidad negra, con encuentros públicos, eventos para recaudar fondos. También hubo protestas de la comunidad afuera de la corte”, explica Field.

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La activista Barbara Beese alza un cabeza de cerdo durante las protestas. (National Archives, UK.)

Darcus Howe, quien había estudiado derecho antes de volcarse al periodismo, y Altheia Jones-LeCointe, líder de los Pantera Negra en el Reino Unido y científica con un doctorado en química, decidieron representarse a ellos mismos ante la corte. Todo, incluso esta acción, era parte de la táctica que los nueve de Mangrove iban a emplear en la corte de un juez conservador que era conocido como un férreo defensor de la fuerzas del Estado.

El juicio comenzó con los nueve de Mangrove solicitando que los miembros del jurado fueran todos afrodescendientes. El argumento era que un tribunal compuesto de “personas negras y de la clase trabajadora” podía entender mejor lo que era experimentar el acoso de la policía. Howe se apoyó en un viejo antecedente que estaba en la Carta Magna. Sin embargo, el juez lo desestimó.

El próximo paso fue desafiar el nombramiento individual de cada uno de los miembros del jurado cuando el juez los presentaba ante la corte. Algo que estaba permitido por la ley. Al rechazar a 63 candidatos, finalmente consiguieron que dos, de los 12 que finalmente formaron el tribunal, fueran afrodescendientes.

“Como es lógico, en la película aparece solo por unos minutos esta discusión sobre la conformación del jurado que en realidad duró dos días, dos días de argumentos legales. Y así, de entrada, contraatacaron y consiguieron voltear los argumentos y dejar en claro que en realidad lo que estaba en juicio era el racismo sistemático y la represión de la policía a la comunidad negra”, dice Field.

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Recorte de prensa. (National Archives, UK.)

En uno de los momentos más cruciales del pleito, Howe, con una sagacidad implacable, dejó expuestas las contradicciones y mentiras en los testimonios de la policía. Al final, al jurado le tomó ocho horas y media deliberar para llegar veredicto, que concluyó con un dictamen favorable para los acusados: los nueve de Mangrove no cometieron actos criminales que incitaron a la violencia. El juez, por su parte, sentenció que hubo “evidencia irrefutable de odio racial” dentro de la Policía Metropolitana.

“En todos lo juicios anteriores a este, los activistas negros perdieron, y no solo perdieron sino que su reputación se fue al piso. Entonces, lo que hicieron los 9 de Mangrove fue algo sin precedentes. Y lograron también darle a la comunidad negra herramientas para saber cómo enfrentarse a la policía y a la justicia y ganar”, afirma Bunce.

A pesar de que el resultado del juicio fue un triunfo histórico para las minorías británicas, y que además era la primera vez que un juez reconocía el racismo por parte de la policía, la historia de los nueve de Mangrove se olvidó rápidamente en el Reino Unido, según cuenta Bunce.

“Este país siempre ha tenido una forma de distanciarse a través de las cosas al hacer comparaciones. Los verdaderos racistas son los sudafricanos, o son los del sur de EEUU, o los nazis en Alemania, esos son los verdaderos racistas pero nosotros no lo somos. Entonces, el Reino Unido se miente así mismo al compararse, y nos decimos a nosotros mismo que los otros son peores”, agrega el historiador y profesor de la Universidad Oxford.

Frank Crichlow.
Frank Crichlow.

La historia de Mangrove encontró de nuevo la luz cuando Steve McQueen leyó un ensayo que escribieron Field y Bunce para el diario The Guardian. Entonces un equipo del cineasta los llamó y les preguntó qué historias de la comunidad afrodescendientes en los 70 y 80 y merecían ser contadas. Y para ellos la respuesta era obvia.

La película, que se estrenó en noviembre de 2020, llegó en un momento crucial, ya que coincidió con el mismo año en que se celebraron las mayores protestas contra el racismo en la historia del Reino Unido por la muerte del estadounidense George Floyd a manos de la policía. Gracias al film miles de jóvenes conocieron la historia de ese pequeño restaurante caribeño y de su dueño trinitense.

“Cuando Frank Crichlow murió, Darcus Howe dijo en su funeral: hizo cosas ordinarias de formas extraordinarias. Cosa ordinaria, abrir un restaurante; cosa extraordinaria, crear un espacio para su comunidad”, cuenta Field.

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