Luiz Inácio Lula da Silva resultó ganador en el balotaje presidencial de Brasil, asegurando así su cuarto mandato no consecutivo. El Tribunal Superior Electoral confirmó el triunfo del referente del Partido de los Trabajadores, quien logró revertir el resultado de la primera vuelta celebrada el 4 de octubre, imponiéndose con una diferencia superior a los tres puntos porcentuales.
La jornada electoral estuvo caracterizada por una extensión de dos horas en el horario de votación, medida dispuesta por el juez Cristiano Zanin ante las dificultades reportadas para acceder a los centros de sufragio. La decisión respondió a reclamos por deficiencias en el transporte público, denunciadas especialmente en San Pablo y Salvador de Bahía, así como a pedidos por complicaciones climáticas en diversos municipios.
La implementación de la prórroga generó confusión en algunos establecimientos que ya habían finalizado su actividad. Ante esto, las autoridades electorales precisaron que las urnas cerradas no podían ser reabiertas, limitando la extensión a aquellos centros que aún se encontraban recibiendo votantes. Durante este periodo, la difusión del escrutinio fue interrumpida hasta la finalización de la recepción de votos.
Más de 158 millones de ciudadanos brasileños estaban habilitados para participar en esta instancia definitiva. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, había alcanzado el 47,03% de los votos frente al 45,16% obtenido por Lula, llegando al balotaje con una leve ventaja en los sondeos previos que finalmente no se tradujo en el resultado final.




