El comandante supremo aliado en Europa, el general estadounidense Alexus Grynkewich, presentó en Varsovia la denominada "teoría de la victoria", una estrategia diseñada por la OTAN para responder ante una eventual agresión militar. Aunque el mando militar no considera probable un ataque a corto plazo, la Alianza ha definido un plan de acción que cuenta con el respaldo de sus 32 Estados miembros para estar preparados ante cualquier escenario.
La estrategia se estructura en tres fases denominadas "bloquear, desgastar y desarticular". La primera etapa busca impedir que el enemigo obtenga victorias rápidas o conquiste territorios mediante una defensa clásica. Si la ofensiva persiste, la segunda fase se enfoca en atacar centros de mando e infraestructuras para debilitar la capacidad operativa del agresor. Finalmente, la tercera fase contempla una respuesta más intensa para aislar a las fuerzas invasoras, cortando sus suministros y comunicaciones.
El objetivo central de este plan no es lograr una derrota total de Rusia ni provocar un cambio en su régimen político, sino destruir su capacidad militar para continuar con el ataque. Según Grynkewich, la intención es evitar una guerra total que podría derivar en una escalada incontrolable o en el uso de armamento nuclear, limitando el conflicto al teatro de operaciones donde se produzca la agresión.
Para implementar esta visión, la OTAN apuesta por combinar fuerzas convencionales con tecnología de vanguardia. El general destacó la necesidad de incrementar la inversión en armas de precisión de largo alcance, redes de sensores e infraestructura digital. El propósito es que las tropas terrestres sean más eficaces y menos vulnerables, demostrando a cualquier potencia que una agresión contra un país miembro resultará costosa e inútil.




