La ciudad de Houston, en el estado de Texas, es sede desde este lunes de una serie de reuniones del G20 enfocadas en la denominada "abundancia energética". El encuentro, que se extenderá hasta el miércoles, cuenta con la participación de delegaciones de las principales economías globales, entre ellas China, India, Japón y Alemania, además de grandes naciones productoras de hidrocarburos como Canadá y Arabia Saudita. Rusia también ha confirmado el envío de funcionarios a los debates.
La realización de estas jornadas coincide con un escenario de volatilidad en el mercado mundial de combustibles, marcado por el incremento en los precios del gas y el petróleo derivado del conflicto en Oriente Medio. La situación ha generado dificultades en Europa para completar sus reservas de gas de cara al invierno, mientras que el suministro global registra afectaciones desde el inicio de las acciones militares contra Irán en febrero.
En Estados Unidos, el impacto se refleja directamente en las estaciones de servicio, donde el costo del combustible ha alcanzado valores récord. Según datos de la Asociación Estadounidense del Automóvil, el promedio del galón de diésel se sitúa en 6,2 dólares, y el precio de la gasolina registra un aumento del 44% en comparación con los valores previos al inicio de la guerra.
La gestión del conflicto y sus consecuencias económicas se han convertido en un punto de tensión política interna, con señalamientos cruzados sobre el impacto de la guerra en la estabilidad del suministro y las perspectivas electorales del Partido Republicano. Washington, como anfitrión, ha definido como prioridad fomentar el acceso a una energía segura, confiable y asequible, a pesar de los desafíos geopolíticos actuales.
