Zhu Rongji, ex primer ministro de China y figura clave en la transformación económica del país a principios del siglo XXI, falleció esta semana. Durante su gestión entre 1998 y 2003, lideró un proceso de reformas que incluyó la eficientización del Estado, la apertura comercial y el control de la inflación, lo que permitió que la economía china escalara hasta convertirse en la tercera potencia mundial en aquel entonces.
El ex funcionario, quien nació en Changsha el 23 de octubre de 1928 y se graduó en Ingeniería Eléctrica en la Universidad Tsinghua, aplicó una política denominada «apostar por los grandes y liberar a los pequeños». Esta estrategia implicó la consolidación de grandes corporaciones y el cierre o privatización de empresas estatales de bajo rendimiento. Según datos del economista Andrew Batson, esta reestructuración resultó en una reducción del empleo estatal, pasando de 77 millones de trabajadores en 1995 a 42 millones en 2003.
Como parte de su estrategia para combatir la inflación, que en 1993 alcanzó el 27%, Zhu implementó medidas como la depreciación de la moneda. Además, fue fundamental en la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, integrando los principios del mercado internacional con las particularidades del sistema interno chino, bajo un modelo definido como «economía de mercado socialista con características chinas».
El legado de Zhu es destacado por el enfoque en la meritocracia y la tecnocracia en la administración pública. Su carrera fue analizada en obras como La cuarta revolución, donde autores como John Micklethwait y Adrian Wooldridge resaltan su capacidad para integrar funcionarios altamente calificados provenientes de instituciones de élite. Su gestión dejó las bases para el crecimiento prolongado del gigante asiático bajo la dirección del Partido Comunista.
