El enfrentamiento entre Atlético Tucumán y Talleres de Córdoba, disputado este jueves en el marco de la fecha 12 del Torneo Clausura Proyección, terminó en una pelea generalizada. El incidente ocurrió en el predio José Salmoiraghi, en Ojo de Agua, tras la victoria del equipo local por 2-0. La tensión escaló durante el encuentro, derivando en agresiones físicas que involucraron a futbolistas y miembros de los cuerpos técnicos junto al alambrado perimetral.
El Código Disciplinario de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) establece diversas penas según la gravedad de los hechos. El artículo 13 prevé una suspensión mínima de tres partidos por conducta violenta, cifra que puede ascender a 15 encuentros si la agresión es contra un oficial del partido. La evaluación de las responsabilidades será individual, pudiendo alcanzar incluso a quienes no fueron expulsados durante el juego.
Los cuerpos técnicos también están bajo la lupa, incluyendo a Rodrigo Acosta y Lautaro Acosta, integrantes del staff de Talleres. Las sanciones para entrenadores y oficiales varían según la conducta acreditada. Asimismo, el reglamento contempla medidas para las instituciones, que van desde multas y partidos a puertas cerradas hasta la deducción de puntos, aunque la aplicación de estas dependerá de la evaluación de los hechos y las responsabilidades de cada club.
El conflicto tuvo su origen en el arbitraje de Valentín Ibáñez Mesa. Durante el primer tiempo, el juez expulsó a Joaquín Soria y a Daniel Ribera, dejando a Talleres con nueve jugadores. La situación se agravó en el entretiempo con la expulsión de integrantes del cuerpo técnico visitante, lo que obligó a que la terna arbitral fuera custodiada por personal de seguridad privada ante los constantes reclamos.




