Armando Bo nos recibe en su productora, que está en el Barrio de River, a media cuadra exacta del Estadio Monumental. Ganador de un Oscar como coguionista de Birdman -ya contará dónde lo tiene- vive un presente exitoso.
Es productor de Moria, la serie, de Barreda, la película, y acaba de terminar de dirigir Las malas, su nueva película, que intuimos estará en el Festival de Venecia de dentro de un año. Bo es hijo de Víctor, nieto de Armando y ya veremos biznieto de quién.
Siempre estuvo muy unido al mundo del cine, y en su productora todo está organizado como una gran oficina de coworking, con mesas largas y netbooks y habitaciones reservadas a cada una de sus producciones. Armando nos recibe, en su oficina, con uno de sus característicos sombreros. -Porque descubrí que con un sombrero siempre estoy como vestido de traje.
Ahora tengo una remera y parece que estuviera bien vestido. -Je. Y mis rulos no hay manera de dominarlos. Mucho tiempo tuve unos rulos casi afro y no tenían control, y no soy una persona que se auto trabaja tanto. Entonces es como, bueno, con un sombrero más o menos ya estás siempre presentable. -A veces sí, a veces no. Te vas acostumbrando.
La realidad es que antes había que usar sombrero, ¿no? En los años ’40, ‘50, era como que si uno no usaba sombrero… Y ahora sos el raro del sombrero, y es una boludez. Pero bueno, te juro que es interesante porque la gente pregunta. Con su productora About Entertainment (Acerca del entretenimiento) fue evolucionando.
"Mis primeros pasos fueron dentro de la publicidad, que era un mundo totalmente diferente a lo que yo había vivido, que era el punto de vista de mi viejo y de mi abuelo, que era el cine. Pude apuntalar las ganas de contar historias y esa doble vida entre el cine y la publicidad me permitió la libertad de contar las historias que a mí me fueron interesando.
No vivo de esto porque es un trabajo, hay una pasión, hay ganas. Y eso me lo da esta doble vida. Obviamente lo más relevante siempre son las historias que se estrenan, pero hay una construcción muy fuerte de la productora por ser independiente". -¿Qué debe tener una historia para decidas que valga la pena apostar por ella, y producirla? No te hablo de dirigir, sino de producir.
-Debe haber algo medio loco que uno mamó, esta pasión por contar algo, y remar, porque siempre es en contra. Yo conozco las historias de mi abuelo o bisabuelo en los Estudios San Miguel, mi bisabuelo Silvestre Machinandiarena era uno de los dueños. Entonces, el cine siempre es un bardo, un quilombo, y esto de querer contar una historia y que vaya cambiando el momento del país.
Hay proyectos que tardan 10 años, ahora estamos estrenando Barreda y yo hace 15 años quise empezar a escribirlo. Las malas la terminé de dirigir hace un mes, y estar editándola me parece una locura después de 6 años de haber empezado a querer contar ese gran libro de Camila (Sosa Villada), que es increíble como escritora.
Los proyectos llevan mucho tiempo y uno va cambiando como persona, uno va creciendo, uno va aprendiendo, hay una magia de cada proyecto de suceder en el momento que tiene que suceder. -Vivo acá desde hace un tiempo. Estuve viviendo en Los Ángeles como 5 o 6 años. -Claramente.
Fue una etapa donde estuve muy involucrado con el Negro (por Alejandro González Iñárritu, el director), junto con Nico Giacobone, mi primo. Fue como llegar a un lugar donde me di cuenta que era espectacular vivirlo, pero que también, por mi personalidad y que soy tan activo, tan productivo, estar en un mundo que era muy burocrático y que se maneja de una manera en que las cosas muchas veces no se filman…
Como que se vive en un momento eterno de desarrollo. El 5% de las historias que se desarrollan se filman. Entonces, che, laburar al pedo, no. A mí cuando hay una idea que me gusta y la siento, la quiero usar. Un proyecto que no llega a filmarse es un proyecto que está dormido, siempre está esa pasión por contarlo.
Por eso te digo, lo de Barreda que no fue escrito por mí, lo dirigió Daniela Goggi y fue escrito por un equipo muy bueno. Pero esas ganas de contar algo no iban acorde con esa vida en los Estados Unidos donde la industria la manejan otros. O sea, los agentes, los managers, los abogados, los estudios. Entonces, entrás a un mundo que en un punto te domina esa burocracia.
Y la verdad es que en estos territorios iberoamericanos somos nosotros los que vamos, producimos y chocamos contra los molinos de viento y no son otros los que tienen que hacerlo. -Vos desde “El presidente”, sobre el FIFAgate, no dirigiste nada. -Yo dirigí la primera y la segunda temporada de El presidente, y después es dónde querés estar en cada proyecto, ¿no?
Hay un aprendizaje desde que tengo la productora, que es saber que muchas veces puedo estar dirigiendo y otras, no.
