La llegada de Ángel Correa a River fue el resultado de intensas negociaciones con Tigres de México, marcadas por cambios en las condiciones y una firme postura del jugador por concretar su traspaso. Desde su arribo, el delantero asumió el desafío de portar la camiseta número 10 y debutó apenas 24 horas después de su llegada, en un contexto de reconstrucción para el equipo.
Con 31 años y una trayectoria de más de una década en el Atlético de Madrid, Correa se ha convertido en el jugador más destacado del semestre. Su rendimiento, que incluye cuatro goles y dos asistencias en 14 partidos, ha sido fundamental para el equipo. Leo Ponzio, entrenador del conjunto, elogió su capacidad para adaptarse al mundo River y destacó su jerarquía, señalando que su posición más cercana al área ha potenciado su juego.
Más allá de sus estadísticas, el delantero es reconocido por su sencillez y humildad en el día a día. A pesar de su pasado como campeón del mundo, mantiene un perfil bajo, compartiendo momentos con sus compañeros en el Camp y apoyando a los juveniles. Su historia personal, marcada por una infancia difícil en Santa Fe, forjó una personalidad que hoy es valorada tanto por el cuerpo técnico como por los hinchas.
El impacto de su incorporación, por la cual el club invirtió 15 millones de dólares brutos, genera expectativas positivas de cara al futuro. Acompañado por figuras como Thiago Almada y Nicolás Otamendi, Correa se ha integrado rápidamente al grupo, convirtiéndose en una pieza indispensable para las aspiraciones del club en el torneo local y la proyección hacia la Copa Libertadores 2027.




