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Alerta en el campo entrerriano: un mayo dramáticamente seco pone en jaque las expectativas productivas

La provincia de Entre Ríos atraviesa un presente climático preocupante tras la finalización de un mes de mayo que se caracterizó por una escasez de...

Alerta en el campo entrerriano: un mayo dramáticamente seco pone en jaque las expectativas productivas

La provincia de Entre Ríos atraviesa un presente climático preocupante tras la finalización de un mes de mayo que se caracterizó por una escasez de precipitaciones alarmante. Según los datos técnicos difundidos recientemente por la Bolsa de Cereales, el registro pluviométrico del quinto mes del año arrojó apenas 31 milímetros, una cifra que contrasta drásticamente con el promedio histórico de 78 milímetros que la región suele recibir en este periodo. Este déficit de 47 milímetros se traduce en una caída cercana al 60 por ciento, una señal de alerta temprana que marca el inicio del trimestre más frío del año con una marcada tendencia a la sequía que ya comienza a generar incertidumbre en el sector agropecuario.

Al analizar la distribución espacial de las lluvias, queda en evidencia que las anomalías no fueron una excepción, sino la regla durante todo el mes. Históricamente, las zonas este y noreste de la provincia suelen ser las más beneficiadas, superando habitualmente los 100 milímetros, mientras que el centro y el sudoeste suelen moverse en un rango saludable de entre 50 y 75 milímetros. Sin embargo, el panorama de este año fue desolador: amplios sectores del centro, el oeste y el sur entrerriano no lograron alcanzar ni siquiera los 50 milímetros. Solo algunos puntos aislados hacia el este del territorio lograron sortear la mala racha con registros cercanos a los 75 milímetros, lo que dejó a la gran mayoría de la geografía provincial bajo la clasificación de zona levemente seca.

Este fenómeno de escasez hídrica no es un evento aislado en el calendario anual de la región, sino que se suma a una seguidilla de registros negativos que vienen golpeando la regularidad del clima. El informe resalta que esta tendencia ya se había hecho sentir con fuerza en el pasado mes de enero, donde los registros apenas alcanzaron los 63 milímetros frente a un promedio histórico de 116 milímetros. Esa caída del 46 por ciento, sumada a la retracción de mayo, dibuja un escenario donde la falta de humedad en el suelo comienza a ser una preocupación constante, complicando la planificación y el desarrollo de las actividades productivas que dependen, en gran medida, de una distribución hídrica equilibrada durante todo el ciclo.

En cuanto al comportamiento de las temperaturas, el mes de mayo presentó una dualidad que mantuvo en vilo a los productores locales. Si bien los registros máximos se mantuvieron dentro de los parámetros esperados si tomamos como referencia el periodo 2020-2025, hubo una excepción notoria durante la primera semana del mes. En esos días, una masa de aire cálido inusual para la estación provocó un pico térmico que trepó hasta los 31 grados, un evento meteorológico atípico que descolocó la dinámica estacional antes de que el frío comenzara a establecerse de manera definitiva en el territorio provincial.

Por último, la crudeza del invierno se hizo sentir con intensidad a través de un ranking de heladas que dejó a Don Cristóbal 1° como el epicentro del descenso térmico. En esa zona se contabilizaron 22 días de helada agronómica y 13 jornadas de helada meteorológica, marcando una frecuencia de frío extremo muy superior a otras áreas. A este rincón de la provincia se sumaron localidades como Crucecitas Tercera y Federal, con 16 días de helada agronómica, y un grupo extendido de ciudades como Victoria, Hasenkamp, Villaguay y Gualeguay, que sufrieron entre 14 y 15 jornadas de heladas. Esta combinación de suelo seco y bajas temperaturas persistentes configura un panorama exigente para el campo, que ahora debe administrar sus recursos con extrema cautela frente a un clima que se muestra esquivo e impredecible.