¿Los científicos están condenados a perseguir al SARS-CoV-2 por siempre?: qué dijo un prestigioso virólogo de EEUU

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David Ho
David Ho, uno de los mayores expertos en VIH/SIDA y líder del equipo que creó el primer test rápido de coronavirus

“Tenemos que darle a este virus el debido respeto”. Esas fueron las palabras de David Ho, investigador del Centro de Investigación del SIDA Aaron Diamond de la Universidad de Columbia, cuando advirtió, en marzo 2020, que lo que veíamos de COVID-19 era solo la punta del iceberg.

Su trabajo en pandemias es excelso. No existe otro científico que haya enfrentado por tan largo tiempo una experiencia similar. Dirigió el equipo que en la década de los ‘90 creó el cóctel de medicamentos que permite sobrevivir a las personas infectadas con VIH/SIDA, a pesar de que todavía no hay una vacuna.

Su centro en la Universidad de Columbia se transformó por completo a partir del coronavirus. Su equipo se mudó a los dormitorios desocupados de los estudiantes que migraron a cursar virtualmente para poder trabajar las 24 horas, los 7 días de la semana en anticuerpos monoclonales. Su espacio de investigación fue el ganador del Concurso de Innovación de Pruebas Rápidas en Estados Unidos.

Nacido en Taiwán en 1952, el doctor Ho emigró a Estados Unidos con su familia cuando era un niño. Creció en Los Ángeles y, después de graduarse en la escuela secundaria, se inscribió en el Instituto de Tecnología de California, donde se licenció en Biología y Física, en 1974. Luego asistió a la Escuela de Medicina de Harvard y allí obtuvo un doctorado en medicina, en 1978.

Fue durante su residencia en medicina interna en el Centro Médico Cedars-Sinai, en Los Ángeles, zona cero del primer brote de VIH/SIDA en la década de 1980, que Ho encontró por primera vez a un paciente que presentaba síntomas de lo que hasta entonces era una misteriosa enfermedad. “Estuve en el lugar correcto en el momento correcto. Me encontré con varios pacientes que presentaban infecciones que sugerían que su sistema inmunológico estaba deteriorado. Fue un síndrome desconcertante tanto para los médicos como para los científicos”, relata cuando rememora los primeros tiempos del SIDA.

Durante la pandemia de COVID-19 encabezó el equipo que produjo la primera prueba rápida de coronavirus que, según considera, puede ayudar a controlar los contagios si las personas, aún sin tener síntomas, lo usan para detectar si son portadores a fin de evitar el ingreso a lugares públicos.

Infobae mantuvo un diálogo a través de correos electrónicos con el prestigioso especialista residente en Nueva York.

Ho lideró el equipo que desarrolló el primer test rápido de coronavirus (EFE/Rafa Alcaide/Archivo)
Ho lideró el equipo que desarrolló el primer test rápido de coronavirus (EFE/Rafa Alcaide/Archivo) (Rafa Alcaide/)

-¿Cómo entiende usted que se ha propagado el virus SARS-CoV-2?

-Nueva York fue un paradigma interesante para explicarlo. Tuvimos nuestro caso inicial una semana, y a la siguiente los casos confirmados recién diagnosticados se triplicaron cada dos días. En el Hospital Presbiteriano de Nueva York, aproximadamente el 25% de las muestras de hisopos que se recibían en marzo del año pasado daban positivo. Este hecho nos dio pauta de que el virus estaba en todas partes. Mirando hacia atrás a lo que ha sucedido en todo el mundo, creo que no entendimos desde el comienzo el crecimiento exponencial muy, muy veloz que nos esperaba. Y tampoco previmos el modo en que la epidemia golpearía lugares como África e India, donde el sistema de atención médica está menos desarrollado.

-¿Cómo considera que se ha lidiado con el virus en el origen de la pandemia?

– Esta epidemia se identificó por primera vez con unos pocos casos de neumonía en diciembre de 2019. En retrospectiva, hubo enfermos dispersos en noviembre, según dieron a conocer funcionarios chinos. Diría que inicialmente hubo pasos en falso y falta de transparencia que contribuyeron al estallido explosivo en la ciudad de Wuhan en la provincia central de Hubei. Esa epidemia en el centro de China representa el 85% de los casos confirmados en ese país. Llevó a los funcionarios de Beijing a poner en cuarentena a toda la provincia de 50 millones de personas. La epidemia alcanzó su punto máximo a principios de febrero con 4.000 nuevos casos diagnosticados cada día. Pero desde el cierre y las diversas medidas draconianas aplicadas, el número de casos se redujera hasta desaparecer.

-Lo que se ha hecho no parece ser sostenible ¿qué se debe hacer ahora?

El mundo ha esperado a ver qué hace China. Hemos experimentado un fracaso total en el liderazgo en términos de COVID. Todos se preguntan si este virus llegó para quedarse. Inicialmente, basándonos sólo en lo que China hizo con el SARS hace mucho tiempo, existía la esperanza de que un clima más cálido y más luz solar ayudarían a matar el virus en nuestro medio ambiente y, por lo tanto, reducirían la probabilidad de transmisión. Pero ahora este virus ha ganado un punto de apoyo tan fuerte en la población humana que ya es 25 veces más grande que el SARS y está incrustado en el hemisferio sur. Si nos fijamos en Australia, Sudáfrica, Argentina, Brasil, aún cuando cambie el clima los contagios continúan. El resultado a largo plazo puede parecerse a la influenza, por lo que tendremos episodios estacionales, con el virus rebotando de un lado a otro entre los hemisferios norte y sur.

– Ha publicado un nuevo estudio en Nature sobre variantes de coronavirus que predice que el virus evolucionará para escapar de las vacunas y tratamientos actuales, ¿podría ampliar esas conclusiones?

– Nuestro estudio y los datos del nuevo ensayo clínico muestran que el virus viaja en una dirección que hace que escape de nuestras vacunas y terapias actuales que están dirigidas contra el pico viral. Si la propagación desenfrenada del virus continúa y se acumulan mutaciones más críticas, entonces podemos estar condenados a perseguir el SARS-CoV-2 en evolución continuamente, como lo hemos hecho durante mucho tiempo con el virus de la influenza. Tales consideraciones requieren que detengamos la transmisión del virus lo más rápido posible, redoblando nuestras medidas de mitigación y acelerando la aplicación generalizada de vacunas.

-¿Es por esto que Delta está preocupando a los científicos?

-Sí, en parte. Detectamos que los anticuerpos en muestras de sangre tomadas de personas inoculadas con la vacuna Moderna o Pfizer eran menos efectivos para neutralizar las variantes B.1.1.7, que surgió en septiembre pasado en Inglaterra, y B.1.351, que surgió de Sudáfrica a finales de 2020. Frente a la variante del Reino Unido, la neutralización se redujo aproximadamente al doble, pero frente a la variante de Sudáfrica, la neutralización se redujo entre 6,5 y 8,5 veces. Es poco probable que la pérdida de aproximadamente el doble de la actividad neutralizante contra la variante del Reino Unido tenga un impacto adverso debido al gran colchón de actividad de los anticuerpos neutralizantes residuales. Tenemos que detener la replicación del virus y eso significa implementar rápidos procesos de inmunización completa y apegarnos a nuestras medidas de mitigación como el enmascaramiento y el distanciamiento físico. Detener la propagación del virus detendrá el desarrollo de más mutaciones

-El equipo de trabajo que coordina fue responsable de producir la primera prueba de test rápido lanzada en Estados Unidos, ¿cuál es su importancia en el escenario de la pandemia?

– La velocidad y la sencillez. La accesibilidad y la efectividad. Pero, además, en términos económicos permite acelerar la apertura hacia una cierta normalidad que acelere la reactivación. La prueba está diseñada para identificar a las personas que son infecciosas, incluso si no tienen síntomas. El usuario mezcla un hisopo nasal con un tampón líquido aplicado a una tira reactiva de papel, similar a un kit de prueba de embarazo casero. Si los anticuerpos incrustados en la tira detectan el virus, aparecerá una línea de color entre 15 y 20 minutos después. Si se usa con frecuencia, y particularmente cerca del momento en que una persona ingresa a un lugar lleno de gente, tales pruebas son una forma muy poderosa de prevenir la propagación del virus de personas que no tienen síntomas y no saben que son infecciosas, un punto que para las políticas de salud pública es de alto valor.

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