Entrevista Juan Ramón Carrasco: “El ciclo de Tabárez tal vez sería exitoso para la selección de Haití, pero no para la de Uruguay”

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El ex volante, de 65 años, hoy se encuentra desocupado
El ex volante, de 65 años, hoy se encuentra desocupado

Yo digo verdades que otros no se animan a decir. Son todas argumentadas, no digo ninguna locura. Mañana me voy a morir y no quiero que me tilden de polémico, dueño de la razón y soberbio”. De esta manera, se presenta Juan Ramón Carrasco, el reconocido entrenador uruguayo.

El fútbol argentino conoció de cerca a Carrasco a principios de 1979, cuando el presidente de River Plate de aquel entonces, Rafael Aragón Cabrera, le pagó 500 mil dólares a Nacional por un volante de gran pegada y fuerte personalidad. JR se destacó en el Millonario durante dos años, al ser dirigido por Ángel Labruna, con quién no tuvo buena relación.

“Era una buena persona, pero no un buen entrenador. Un tipo simpático, que le caía bien al futbolista y tenía como jugador favorito al Beto Alonso. Por este motivo, yo jugaba muy poco”, se sinceró el uruguayo, quién ganó tres títulos en el Millonario: dos torneos Metropolitanos y un Nacional.

Tras dejar River en 1981, se fue a Racing Club, donde tuvo un buen desempeño pero como le debían plata por la prima que cobraba en cuatro cuotas, no jugó todos los partidos y “quedó la deuda de que no pudimos ser campeones”. Luego, continuó una campaña en la que recorrió 14 instituciones y se retiró en el 2002.

Inmediatamente, se calzó el buzo de entrenador para dirigir en Uruguay, donde se consagró campeón con Nacional en la temporada 2010/11 con Marcelo Gallardo como una de sus figuras. “El estilo del Muñeco como entrenador se asemeja al mío, porque fui el último técnico que lo dirigió. Muchas de las cosas que lleva a cabo son copiadas de mí. Y para mí, es un orgulloso que las haya aprendido cuando estuvo en Uruguay”, reconoció Carrasco.

En dialogó con Infobae desde su Durazno natal, el ex técnico de la Celeste palpitó el cruce con Argentina por las Eliminatorias sudamericanas rumbo a Qatar 2022. Además, criticó el proceso de Oscar Tabárez, reconoció que hace 10 años ambos seleccionados arreglaron un partido para favorecer a su país, diferenció a Gallardo de Labruna y dio su versión sobre quién es que creador del Tiki-Tiki.

-¿Qué es de su vida?

-Bien, estoy tranquilo y en familia. Por ahora, sin trabajar. Disfrutando de ver mucho fútbol y series por televisión. He tenido algún coqueteo para volver a dirigir, pero de momento tomé una pausa hasta noviembre/diciembre. Estuve los últimos tres años entrenando a Fénix y nos fue bastante bien. Cuando llegué, el equipo tenía problemas de descenso y estaba a punto de bajar a la segunda categoría. Los salvamos. Luego, estuvimos un par de años peleando el torneo y, al final, logramos clasificarnos a la Copa Sudamericana en las dos temporadas, así que marcamos historia.

-Entonces, ¿el balance fue positivo?

-Muy positivo para un club que normalmente se encuentra en las últimas posiciones de la tabla de posiciones. Lo importante es que dejamos esos logros. Siempre en los equipos que me ha tocado dirigir dejamos mucho dinero ganado por la venta de los jugadores que utilizo, y son récord de venta. Por nuestro estilo, hay jugadores que sobresalen, se sobrevaloran y se venden en cifras muy buenas. En lo deportivo, logramos buenas cosas y, en lo económico, ni hablar.

-¿Cuál es su estilo como entrenador?

-Me gusta definirlo a mi manera. Mis equipos juegan a ganar.

-¿Qué técnico no juega a ganar?

-No, hay muchos entrenadores que juegan a no perder. Que no quiere decir que no ganen.

-¿Cómo es eso?

-Los equipos de Carrasco juegan a ganar porque tienen jugadores con características idóneas para proponer y atacar, hacer goles y jugar bien. Soy diferente a otros colegas que juegan a no perder. La diferencia es que cuando ellos están necesitados de ganar, porque tienen que dar vuelta un resultado, acuden al banco de suplentes y ponen jugadores con otras características. Acuden a delanteros que están en el banco. O al famoso 10 que no es titular.

-¿Se refiere a entrenadores más defensivos?

-Sí, que utilizan futbolistas para correr y meter, no para atacar. Que valoran más la actitud que el buen juego. Apuestan a la pelota quieta y al error del rival. Nosotros somos de elaborar juego, de tener jugadores de buen pie, de llegar al arco no por casualidad sino por causalidad.

-Entonces, ¿su estilo es similar al de Gallardo en River?

-El estilo de juego de Gallardo se asemeja al de Carrasco, porque fui el último entrenador que lo dirigió. En Nacional, Marcelo estuvo mucho tiempo sin jugar, producto de una lesión, y se pasaba todos los entrenamientos observando los trabajos tácticos. Muchas de las cosas que hoy lleva a cabo son copiadas de mí y estoy orgulloso de que las haya aprendido cuando estuvo en Uruguay.

-¿Cómo cuáles?

-Si River te hace 1 o 2 goles, quiere marcarte 3, 4 o 5 más. También compartimos la particularidad de que no miramos el nombre del futbolista, sino la característica y trabajamos a partir de ahí. Por eso, muchos jugadores brillan, se cotizan y son vendidos al exterior. El River del Muñeco vendió muchos jugadores a Europa y el Fénix de Carrasco también. Ambos no nos hacemos problemas cuando nos venden a los jugadores, porque vivimos preparando juveniles sabiendo que en cualquier momento te desmantelan el plantel y tenés que tener siempre un plan B.

-¿Caso contrario es Boca, que quedó desmantelado y no pudo suplir todavía esas ausencias?

-Boca debía mejorar mucho de lo que proponía Miguel Ángel Russo como entrenador. Ahí, tenes un ejemplo de un técnico de respuesta, que juega a no perder. En cambio, Sebastián Battaglia le dio otra intención. Propone jugadores con otras características porque, por lo que representa Boca, está obligado a ser protagonista e ir a buscar los partidos.

-También lo identificaron con el tiki-tiki de Cappa…

El tiki-tiki se hizo primero en Uruguay conmigo. Después, apareció Cappa en la Argentina. Igualmente, nos identificamos y somos parecidos.

-Tuvo a Gallardo en Nacional como jugador y a Ángel Labruna como entrenador en River, dos de los máximos ídolos del Millonario. ¿Se parecen en algo o son diferentes?

-Labruna era una buena persona, pero no un buen entrenador. Yo diferencio. Era un tipo bueno, simpático y le caía bien al futbolista, pero tenía como favorito al Beto Alonso. Él no trabajaba en cancha como lo hace Gallardo y hago yo. No enseñaba a anticipar, a salir con la pelota en los pies con un quiebre, un desborde y una pausa. Esa es una metodología de trabajo que lleva adelante Gallardo, que me copió en Nacional. Labruna no hacía nada de eso.

Juan Ramón Carrasco y Marcelo Gallardo
Carrasco dirigió al Muñeco en Nacional. Y juntos salieron campeones: «Es estratega, entra a la cancha y les enseña mucho a sus jugadores»

-¿Cómo armaba Angelito la charla técnica?

-Labruna no era un estratega ni hacíamos jugadas durante la semana para plasmar en la cancha. Antes de los partidos, nos decía: “Vamos a jugar con tal equipo que ya lo conocemos. Somos River. Tenemos jugadores para desequilibrar y debemos que ser protagonistas”. Así eran las charlas técnicas de Angelito. Muy teórico.

-¿Gallardo es diferente?

-Sí, nada que ver. Es estratega, entra a la cancha y les enseña mucho a sus jugadores. Labruna tenía a Leopoldo Luque, Pedro González, Oscar Ortiz, Daniel Pasarella, el Beto Alonso y Reinaldo Merlo, grandes jugadores que entraban al campo de juego y jugaban de memoria, porque ya se conocían. Cuando la cosa no salía, entrábamos con Ramón Díaz conmigo y hacíamos ganar al equipo. Ingresábamos de a ratos, y salimos campeones tres veces.

-¿Por qué entraban de a ratos?

-Por eso decidí irme y es algo que nunca me gustó. En ese momento, yo me calentaba y la pasé mal en River, más allá de que no querían que me fuera. Tuve que obligarlos a que me vendieran porque si no me venía para Uruguay y dejaba el fútbol profesional. Con Ramón Díaz éramos letales. Jugábamos de memoria. Fuimos goleadores por encima de Luque y Alonso. Igualmente, por más que hiciera tres goles por partido, Labruna iba a poner a Alonso, porque era su preferido. Por más tantos que marcara Díaz, iba a jugar Luque. Y tuve que aceptar esa situación porque no me quedaba otra.

-¿Es cierto que un día se enojó con Labruna, se levantó del banco de suplentes y se fue al vestuario faltando 15 minutos para el final?

-Si. Habíamos hecho un pacto entre los dos. Le dije que no me iba a concentrar más. Entonces, me preguntó: “¿Cómo no lo va a hacer? ¡Si está en la lista de convocados!”. Le respondí: “Prefiero quedarme en mi casa o me voy para Uruguay. Ponga a otro que va a estar contento en el banco y no le va a importar si juega o no”. Me dijo: “Usted es un profesional y debe ir al banco”. Le respondí que no, pero le propuse hacer un pacto y, si lo aceptaba, iba a concentrarme.

-¿Cuál fue?

-“Si juego 15 minutos o más yo concentro, si no, no”. Entonces, me dijo: “Bueno, está bien”. En la previa al choque con Talleres en Córdoba, concentré. Pero al final el entrenador no cumplió con lo pactado, porque no jugué ni un minuto.

-¿Qué pasó luego?

-Al siguiente encuentro, contra Vélez en Liniers, vuelvo a concentrar y me manda de nuevo al banco de suplentes. El encuentro iba 0 a 0. En el entretiempo, el público millonario comenzó a cantar: “Uruguayo, uruguayo”. En ese momento, hablé con Talamonti, ayudante de campo del entrenador, y le dije adelante de Labruna: “¿Cuántos minutos faltan para el final?”. Me comentó: “20 minutos”. Le pedí: “Avisame cuando falten 15″. De esta manera, dejé pasar un rato y cuando restaban 13 para el final, me levanté y me fui directo al vestuario. Perdieron sobre la hora 1 a 0. Y Angelito fue insultado por toda la cancha, porque no me puso.

-¿Que le dijeron los referentes Merlo, Alonso, Passarella?

-Vinieron hablarme y dijeron que los habían insultado a ellos y al entrenador, que yo les había tirado la hinchada en contra. Les expliqué la situación: “Me fui porque Labruna no respetó el trato”. Después, fuimos a hablar con los dirigentes, que me pidieron que no me fuera. Hablaron con Angelito para que me pusiera más seguido. Él dijo que sí, pero después no cumplió con su palabra. Al final, tuve que irme porque iba a estar Alonso en el plantel y yo no iba a jugar más. Era su preferido.

-¿Cómo fue su relación con el Beto Alonso?

-Fue profesional. Norberto sabía que, cuando yo jugaba, la rompía y hacía goles. Entonces, no era humana la relación. Pero como profesiona, fue una relación respetada.

-¿Qué recuerda del 5-2 en la Bombonera del Metropolitano 80?

-Es la mayor goleada de River en la Bombonera, quedó marcada para siempre. Hice dos goles y tuve influencia en los otros tres. Ese Superclásico estaba pactado para que Labruna me sacara en el entretiempo y no pudo. Al final, no salí por mi rendimiento.

-¿Es verdad que en River se la pasaba yendo a jugar al billar con Víctor Hugo Morales?

-Sí, es cierto. Víctor Hugo recién había llegado a la Argentina y yo jugaba en River. Teníamos una linda amistad, cordial y cercana. Él era muy hincha del fútbol que yo pregonaba. En Uruguay había una disputa entre dos ramas del periodismo. Una que prefería a Fernando Morena y la otra, con Víctor Hugo a la cabeza, me defendía a mí. Cada rama, con sus argumentos. Entonces, nos hicimos muy amigos y compartíamos momentos en los billares de Buenos Aires.

-Cuando dejó River, recaló en Racing. ¿Cómo fue su paso por la Academia?

-Desde lo individual fue espectacular, pero quedó la deuda de que no pudimos ser campeones y el hincha era lo que más pretendía. Mi etapa fue muy buena. Convertí muchísimos goles y fui desequilibrante. No jugué todos los partidos por una deuda económica que tenían conmigo. Yo cobraba la prima en cuatro cuotas al año. Entonces, cuando llegaba el tiempo de cobrar la primera, yo les avisaba para que no se retrasaran. Cuando llegaba la fecha, no me pagaban, Entonces, no disputaba un partido y les daba una semana más para ponerse al día. Cuando me pagaban, jugaba. Por eso, falté a algunos encuentros.

-¿Qué balance hace de su paso por la selección de Uruguay como entrenador?

-Fue buenísimo, sobre todo en la parte de darle un patrón y una identidad de juego al equipo. También, de perder un poco el miedo. La gente se identificaba muchísimo, porque fue algo histórico. Yo atravesaba por un muy buen momento en Fénix, que era mi primera experiencia como DT. Había tres o cuatro nombres pesados y a través de varias encuestas en los medios de comunicación, la gente votó por mí. Por el furor de los hinchas, me llevan a comandar el seleccionado charrúa.

Con la indumentaria de la selección de Uruguay: su ciclo terminó tras una goleada en contra ante Venezuela
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-¿Por qué dejó su cargo?

-Arrancamos las Eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006 ganándole 5 a 0 a Bolivia. Luego, perdimos con Paraguay por 4 a 1. En el tercer partido, empatamos con Brasil en Curitiba 3 a 3, le ganamos a Chile en Santiago y, después, caímos con Venezuela en el Centenario por 3 a 0. Fue la debacle el último partido, porque todo el estadio nos chifló. Al término de la derrota, me citaron los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Futbol con la idea de cesarme. Les pedí que me dieran dos oportunidades más para reivindicarme, y a cambio les daba mi palabra de que renunciaba si me iba mal.

-¿Qué le respondieron?

-Durante el cónclave matutino, me dicen que Sí. A la tarde, la prensa metió presión y por la noche, me llamaron por teléfono para decirme que no seguía más. Lamentablemente, fue una etapa que no pude terminar y quedó pendiente.

-¿Está de acuerdo con el proceso largo que lleva adelante Óscar Tabárez en el seleccionado charrúa?

-Es un proceso no malo, pero tampoco exitoso. La gente uruguaya cree que es un éxito, pero no lo es. Se dejan convencer por el periodismo de turno. En 14 años con Tabárez como entrenador sólo se ganó una Copa América (2011). No hay excusas. Fueron muchos años de Tabárez y se ganó muy poco. No se sale campeón hace 10 años. El caballito de batalla que ponen como excusa es que se clasifica para todos los mundiales, pero antes era mucho más difícil jugar una Copa del Mundo. Es un proceso serio, pero no exitoso.

-En lo futbolístico, ¿está conforme?

-No, deja mucho que desear. Para el poderío futbolístico que tiene Uruguay, con jugadores que se destacan en Europa, siempre termina cuarto en las Eliminatorias y no gana un torneo hace una década. Tal vez sería exitoso para el seleccionado de Haití, pero no para el de Uruguay.

-¿Cómo se imagina el juego ante la Argentina?

-Veo al equipo de Scaloni siendo protagonista. Hay uruguayos que no son de la filosofía del entrenador. Tabárez se asemeja a Russo por su estilo de juego. Son técnicos de respuestas. No significa que sean malos entrenadores o que no puedan ganar. La característica que tienen los uruguayos es para que los dirija Gallardo, con jugadores rápidos y de buen pie como Vecino, Valverde y Bentancur. No es gestión solo ponerlos, sino entrar a la cancha y hacerlos trabajar.

-¿Cómo hace para trabajar si los tiene poco tiempo?

-Aprovechalos e inculcales tu enseñanza, como si fuera un curso acelerado de idiomas y de computación, pero referido al fútbol. Tenés que saber trabajar con esas características de jugadores, que no son para nada fáciles.

-¿Qué le preocupa de Argentina?

-La dinámica y el entendimiento que tienen. Juegan en sus equipos plasmando lo que ellos ya saben. Se les hace más fácil entenderse entre ellos, porque toda la vida jugaron de la misma manera. En Uruguay se juega diferente, con otro ritmo y más pausado. Hoy, Uruguay no tiene un patrón de juego ni una identidad. Solo son esfuerzos individuales, que solo les alcanza para pasar a Ecuador y Venezuela, pero lo veo muy difícil ante Colombia, Argentina y Brasil.

-En noviembre del 2001 Uruguay y Argentina empataron 1 a 1 por Eliminatorias. Con el empate, quedó afuera Colombia del Mundial de Corea/Japón 02, ya que a la Celeste con el empate le alcanzaba para jugar la repesca. ¿Estuvo arreglado el partido?

-Quedó marcado porque Argentina estaba clasificada y Uruguay necesitaba ese punto. No soy un serrucho, es vox populi que ese partido estuvo arreglado. No lo veo mal a eso, porque otros te lo hacen. Yo, como entrenador, decirle al jugador que vaya para atrás, no lo haría, porque salgo a ganar siempre. Pero termina siendo un tema de los jugadores. El entrenador no se mete en eso. Es un pacto de los futbolistas.

En su última etapa como DT de Fénix de Uruguay, equipo al que llevó a la Copa Sudamericana (EFE/Juan Mabromata/Archivo)
En su última etapa como DT de Fénix de Uruguay, equipo al que llevó a la Copa Sudamericana (EFE/Juan Mabromata/Archivo) (EFEI0658/)

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