La rivalidad entre Milei y Lula crece por la elección del secretario de las Naciones Unidas

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Si bien la campaña presidencial en Brasil -en la que Luiz Inácio Lula da Silva ve amenazada su reelección- volvió a acentuar la polarización latente, hasta el viaje del presidente brasileño a los Estados Unidos, para reunirse este último jueves con Donald Trump, reflejó las inmensas diferencias que mantiene con el modelo de Javier Milei. Para el caso, el libertario apoya abiertamente la candidatura a presidente de Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro.

La tirria y la enemistad entre Milei y Lula volvió a quedar expuesta, esta vez en el seno de las Naciones Unidas, donde los ejemplos son más que claros: el respaldo a distintos candidatos para la Secretaría General del organismo; la salida argentina de la Organización Mundial de la Salud y la escasa participación en el multilateralismo como nunca antes.

A ello, se suma la candidatura anunciada esta semana por Brasil al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. El canciller Mauro Vieira dio esta semana un extenso discurso a los diplomáticos brasileños por completo diferente al que reciben los degradados funcionarios del servicio exterior argentino.

“Salgo de Washington con la idea de que dimos un paso importante en la consolidación de la relación democrática histórica que Brasil tiene con los Estados Unidos. Fue una reunión muy importante con el presidente Donald Trump. Brasil está preparado para discutir cualquier asunto con cualquier país del mundo: tarifas, comercio exterior, minerales críticos, combate al crimen organizado y al tráfico de drogas y armas. Nosotros no tenemos veto o asunto prohibido. La única cosa a la que no renunciamos es a nuestra democracia y a nuestra soberanía. En los próximos días, nuestros ministros seguirán en tratativas para avanzar en los temas que abordamos hoy”, sentenció Lula tras su reunión con Trump.

El líder del PT incluso buscó enfatiza – tal vez como hecho electoralista- que durante su visita a Trump habló en portugués y no en inglés, exactamente lo contrario a lo que buscó Milei, quien en un discurso en Estados Unidos hasta pidió disculpas por hablar en español.

Fue un largo encuentro el que mantuvieron Trump y Lula. Si en el pasado se enfrentaron por aranceles y por la condena a prisión a Jair Bolsonaro, ahora salieron fortalecidos y se mostraron en una suerte de sintonía para seguir conversando incluso sobre sus diferencias: sonrieron, compartieron un almuerzo, y siguieron una liturgia institucional que le gusta a las potencias. Lejos de las estridencias de las redes sociales, dijeron diplomáticos consultados, acordaron encuentros en las próximas semanas y meses. Trump calificó a Lula como el “muy dinámico Lula da Silva” y coincidió con el temario abordado, aunque sin dar mayores definiciones. Lo llamó al brasileño “un buen hombre” y “un tipo inteligente”.

Aunque en Brasil evitan relacionar o darle demasiada importancia a la mala relación entre Milei y Lula desde la campaña libertaria -cuando el argentino llegó a insultar al brasileño llamándolo “comunista” y “envenenado”, y en enero de este año, cuando jugó en redes sociales con imágenes que lo asimilaban a dictadores como Nicolás Maduro-, cada paso que da hoy Brasil parece confirmar esas diferencias. Lo único que las compensa fue el acuerdo entre ambos para avanzar con Paraguay y Uruguay en el acuerdo de libre comercio que finalmente firmaron con la Unión Europea.

En Brasil consideran que de ganar las elecciones presidenciales de octubre, Flavio Bolsonaro, ciertos lineamientos básicos del actual gobierno se van a sostener como política de Estado, una diferencia importante con la pendular Argentina.

Si se observa la carrera por la sucesión del portugués António Guterres —quien concluirá su segundo mandato en 2027— al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas, se notan enormes diferencias, que no se daban así en el pasado. Mientras la Argentina promueve para ese puesto la candidatura del Director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, Brasil activó una fuerte campaña en favor de la ex presidenta chilena y ex alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, respaldada también por México.

Inéditamente, José Antonio Kast le retiró el apoyo a Bachelet por su extracción socialista y porque su candidatura es promovida por el ex presidente Gabriel Boric.

Aunque en la prensa brasileña trascendió que Brasil “militaba” contra Grossi, en el gobierno de Lula afirmaron con énfasis que eso no era así: sostienen que la campaña brasileña es en favor de Bachelet y para que “por primera vez en la historia una mujer dirija el organismo”, y remarcan que no se trata de una campaña “anti Grossi”, a quien respetan.

Sin embargo, diplomáticos argentinos en Nueva York —que ya se quejaban en voz baja de las implicancias que tendrá para el país la retirada de la Organización Mundial de la Salud, en sintonía con Donald Trump— comentan ante colegas extranjeros que, si existían rivalidades entre Lula y Milei, hoy están a flor de piel por la campaña en favor de Bachelet y en favor de Grossi.

Diferencias tan profundas que ahora también se trasladarán a Ginebra. Ocurre que esta semana cayó como un baldazo de agua fría sobre ambas delegaciones nacionales en Manhattan la presentación de Brasil de su propia candidatura para volver a integrar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU durante el período 2027-2029, cuya sede está en Ginebra. Este movimiento opaca a la Argentina en términos de peso regional y reposiciona el liderazgo brasileño en la esfera internacional, donde desde hace años Brasil reclama una banca permanente en el Consejo de Seguridad. “El colapso del orden coloca a nuestro país ante una elección fundamental: entre subordinación y soberanía. Brasil no cabe en el patio trasero de nadie. El pueblo brasileño manda en su propia casa. No somos ni queremos ser provincia de ninguna metrópoli. Ninguno de los grandes problemas de la actualidad será resuelto sin que se escuche la voz del BRICS, del G20 y del G77; sin que se escuche a Brasil. Una multipolaridad libre de esferas de influencia exigirá una fuerte coordinación con nuestro entorno regional”, insistió Mauro Vieira esta semana por el Día del Diplomáticos, que en Brasil cae el 29 de abril, y es para ellos una fiesta.

Redactora especialista en política exterior

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