Martha Stewart (84 años): “Me encanta disfrutar de un buen desayuno completo. No todos los días porque no necesito carbohidratos, grasas y azúcares. Lo tomo una vez a la semana antes de un paseo a caballo o después de una caminata enérgica”

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A los 84 años, Martha Stewart mantiene una rutina alimentaria que combina disciplina diaria con pequeños momentos de disfrute planificados. La empresaria estadounidense reveló que reserva el desayuno completo —con carbohidratos, grasas y azúcares— solo una vez por semana, generalmente antes de montar a caballo o después de una caminata intensa.

Su enfoque no elimina alimentos: los organiza. Según explicó, su estrategia consiste en priorizar opciones frescas y livianas la mayor parte de la semana, y dejar el desayuno más abundante como una instancia social o de recuperación energética.

Este modelo refleja una lógica que hoy recomiendan muchos especialistas en nutrición: la idea no es restringir alimentos permanentemente, sino de ordenar la frecuencia de consumo según el gasto físico y el estilo de vida.

Aunque la frase sobre su desayuno “completo” generó interés, en realidad la base de su rutina matinal es mucho más simple y constante. Stewart comienza el día casi siempre con jugo verde preparado con ingredientes frescos, muchos cultivados en su propia huerta.

Este tipo de jugo aporta micronutrientes, hidratación y fibra soluble, y suele utilizarse como primera ingesta para activar el metabolismo sin generar pesadez digestiva.

Además del jugo, suele incorporar una fuente proteica ligera. Entre sus opciones más frecuentes aparecen el huevo pasado por agua —preferentemente de sus propias gallinas— o cereales integrales como espelta o germen de trigo. Son elecciones que aportan saciedad sostenida sin generar picos bruscos de glucosa.

Otro dato relevante es que evita los ultraprocesados en el desayuno diario. En su lugar prioriza alimentos simples, reales y de preparación rápida, algo que coincide con muchas recomendaciones actuales sobre alimentación saludable en adultos mayores activos.

El desayuno más abundante aparece como excepción planificada, no como regla. Stewart explicó que lo disfruta especialmente cuando tiene invitados o cuando realiza actividad física exigente, como cabalgar o caminar durante largos recorridos.

Este tipo de desayuno aporta mayor densidad energética, por lo que funciona mejor cuando existe gasto físico asociado. Esa es la lógica detrás de su elección semanal: usar la comida como herramienta funcional, no como hábito automático.

Además, el componente social también es clave. La propia Stewart explicó que estos desayunos suelen compartirse con familiares o amigos, lo que transforma la comida en una experiencia más completa desde lo emocional.

Uno de los puntos más interesantes de su rutina es que no plantea restricciones rígidas. Incluso reconoce pequeños “placeres culpables” ocasionales, como una cucharada de mantequilla de maní orgánica o una feta de queso americano.

Lejos de contradecir su dieta, estos momentos cumplen una función concreta: sostener la constancia en el tiempo. Muchos planes fracasan no por el contenido nutricional, sino por la imposibilidad de mantenerlos durante años.

En su caso, el equilibrio aparece como una herramienta práctica. Jugo verde diario, proteínas simples en la mañana y un desayuno completo semanal funcionan como estructura flexible y sostenible.

También hay un componente clave vinculado a la actividad física. Stewart -conocida como la “gurú” de las amas de casa – organiza su alimentación en función de su gasto energético real, algo especialmente importante después de los 70 años, cuando el metabolismo cambia y la planificación se vuelve más relevante.

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